COLUMNA
Maremágnum
Por Mario Vargas Suárez
Leonard


                
El título de este espacio se refiere al nombre compuesto de una pareja (Leonor-Adrián) y se impuso a una imprenta fundada desde la década de los años sesenta, ubicada en una colonia de la populosa Ciudad de México, La Ciudad de Los Palacios.
A propósito, de La Ciudad de Los Palacios, este título lo manejó Don Bernal Díaz del Castillo (1496-1584), conquistador español, para referirse a la capital del Imperio Azteca. Sin embargo el periodista Héctor de Mauleón de El Universal, asegura que el inglés Charles Latrobe, en 1834, fue quien lo impulso a la Ciudad de México, aunque reconoce que muchos se lo atribuyen a Alexander Von de Humboldt.
Volviendo con la imprenta, su propietario Don Adrián, como muchos niños, creció en el mundo que aprendió desde su adolescencia, en medio grandes máquinas de imprimir, guillotinas, perforadoras, tipos, tintas y todas esas herramientas y accesorios propios de una imprenta.
Por conocer el negocio, pero sobre todo por el gusto de la impresión, apenas Don Adrián reunió un pequeño capital y construyó su Palacio de la Impresión, que dicho sea de paso le permitió casarse y formar a tres hijos (dos mujeres y un varón) no en la opulencia, pero si con ciertas comodidades.
La odisea no fue sencilla, porque nuestro personaje adquirió créditos que no solo le permitieron hacerse de maquinaria, sino de material como papel y tintas, para poder imprimir desde boletos de cine y de circo, hasta invitaciones, tarjetas de presentación, papel membretado y más.
Don Adrián trabajó arduamente desde la década de los sesentas y sus clientes no se limitaron a su entorno, sino que se ampliaron a la capital del país e inclusive imprimió a clientes de entidades vecinas a la CDMX.
La actualización de la imprenta le llevó al esténcil, y más tarde al Offset, pero los pasos agigantados de la tecnología siguieron avanzando con mucha celeridad cuando las computadoras se popularizaron.
Los estudiantes y profesionistas de distintas áreas del saber se convirtieron en excelentes conocedores de la impresión y en un abrir y cerrar de ojos provocaron que las imprentas como la Leonard, se viera obligada a cerrar sus puertas.
Textos e imágenes hasta la fecha no tienen la misma calidad de las hechas en la tradicional imprenta, aunque finalmente cumplían su misión y apegados a una verdad innegable, los fabricantes de impresoras han mejorado mucho su tecnología, al grado de que la calidad de la impresión y la de los diferentes tipos de papel, han permitido el desplace de la máquina tradicional para imprimir.
Don Adrián y muchos impresores no solo de la CDMX, sino del mundo, desde hace más de 20 años, muy a su pesar, han tenido que buscar una nueva fuente de empleo.
Las computadoras y las impresoras golpearon de muerte a la economía de muchas familias que vivían de la imprenta y en este nuevo siglo, muchos trabajadores del mundo debieran aplicar aquél viejo dicho “Cuando veas las barbas de tu vecino…” usted sabe el resto.
La experiencia de la Imprenta Leonard, sirve de marco a los alarmantes resultados del Foro Económico Mundial (FEM) en Ginebra, Suiza, donde afirman que en 2025, más de la mitad de los puestos de trabajo, que hoy existen serán reemplazados por tareas que realizarán máquinas (robots) según un estudio que analiza el impacto de la automatización de las nuevas tecnologías en este sector laboral.
El estudio muestra que la robotización podría hacer desaparecer 75 millones de empleos en el mundo de aquí al año 2022, dado que se calcula que, en 2025, las máquinas realizarán la mayoría de las tareas ordinarias que actualmente realizan los humanos.
A pesar de que la revolución robótica tendrá dichas repercusiones negativas, su generalización podría tener un impacto positivo en el empleo humano, según la proyección del informe, dado que se calcula que se podrían crear 133 millones de empleos nuevos en el mundo.
Verdad o mentira, usted determine.
La realidad que contemplo para el futuro, es que las nuevas tecnologías no deben minimizarse en la educación de todos los niveles y sobre todo en la educación superior.
Es común que una calle se barra, pero para el que se contrate como barrendero, debe dar un “plus” que le haga diferente a los demás; que esa diferencia la noten los clientes, los patrones para que sus servicios sean contratados.
Los mexicanos debemos terminar de una vez por todas con esos vicios que nos hacen conseguir un empleo y después, ya como empleados somos especialistas en dar excusas, en dar pretextos de la mala calidad de nuestro desempeño.
La máquina sigue desplazando al hombre. Es innegable.



 
 
 
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